Conceden el "premio a la excelencia" internacional en vinos a un restaurante que no existe

Robin Goldstein sostiene que la gente tiende a pensar que un vino es mejor cuando sabe que es más caro, pero en un test a ciegas se demostró que dos tercios de los catadores se decantaron por un Domaine Ste. Michelle Brut, de Washington, que cuesta 12 dólares, en vez de por un Dom Perignon, que vale 150 dólares, como recoge en su libro "The Wine Trials".

Para "cocinar" la farsa, Goldstein, según explica en su "blog", creó una página web para el restaurante imaginario y rellenó la aplicación necesaria para optar al premio, que debía incluir una copia del menú -"una divertida amalgama de recetas de la 'nouvelle cuisine' y la comida italiana"-, y la lista de vinos de reserva que posee, además de abonar 250 dólares.

La lista de vinos que Goldstein incluyó era una selección de cerca de 250 tipos de blancos, rojos y espumosos, mientras que los reserva fueron escogidos de entre una gama de vinos italianos que habían recibido una floja acogida en la misma publicación durante las últimas décadas. Por ejemplo, un Amarone Classico "La Fabriseria", de 1998, que cuesta 185 euros, incluido entre los reserva de L'Intrepido, fue descrito por la publicación como "inaceptable. Dulce y empalagoso. Huele a spray contra insectos".

En respuesta, el editor de la revista Wine Spectator, Thomas Matthews, que calificó el asunto de "patraña elaborada", publicó en la página web de la revista un artículo en el que reclamaba que la publicación había realizado "esfuerzos significativos para verificar los hechos". Indicó que "llamamos al restaurante muchas veces y siempre saltaba el contestador con un mensaje de una persona indicando que estaba cerrado en ese momento".


Fuente: Libertad Digital (España)

El Vino en Colombia

Para disfrutar el vino se requiere un ritual que genera diferentes sensaciones: escuchar el líquido que se vierte sobre la copa profunda; percibir el aroma inicial que se sabe de frutas maduras y untuosas; agitar e identificar los componentes más sutiles como la madera o las especias; sorber un poco, para que el sabor empape la boca; y descubrir que el rojo tiene muchos matices.

La cultura de los colombianos al respecto alcanza todos los días picos más altos. “El negocio ha crecido”, señala Sol Asensio, directora de exportación de Rutini Wines (marca argentina). El aumento en el consumo de esta bebida en Colombia, no solo significa que licores como el aguardiente pierdan algunos adeptos, sino que además “se está tomando vino de fermentos más caros, lo cual nos habla de gente ávida de conocimiento por este mundo”, dice Asensio.

El vino es una bebida histórica. Julio César, emperador romano, mandó a su séquito de hombres para que conquistaran tierras. Para cerciorarse de ello les entregó raíces de vid y les prohibió que volvieran a menos que trajeran el vino de esas uvas. Al menos cinco años tuvieron que esperar los colonizadores para regresar: tiempo suficiente para intercambiar cultura, conocimiento y sembrar viñedos por toda la región. Eso representa el vino: historia, cultura, trabajo, la expresión de la tierra o terroir.

Son varias historias las que se pueden evocar mientras se disfruta de este jugo de uva fermentado, como que es la bebida que Jesús multiplicó y que después sería el símbolo de su sangre. También es el relato de la vida propia: la mermelada de mora que preparaba la abuela, el chocolate caliente en una tarde lluviosa, el roble de los muebles antiguos, el maní tostado que se hacía en casa y otros aromas, no propios de la uva, que resultan cuando el vino se reserva en barricas de madera.

Una copa de vino se presta para visualizar, evocar momentos y se sabe que como esa bebida no se va a volver a consumir nada igual, ni siquiera de una botella de la misma marca, porque cada vino es una “obra de arte”.

Incluso son varios los estudios publicados sobre los beneficios del vino que, como un antioxidante excelente, previene algunos tipos de cáncer, tumores y enfermedades coronarias. También retrasa el envejecimiento de las células y de la piel.


Fuente: El Tiempo (Colombia)